La inmunidad diplomática es un principio del derecho internacional codificado en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, que otorga a los diplomáticos extranjeros protección de la jurisdicción de los tribunales del país anfitrión. Asegura que los diplomáticos puedan desempeñar sus funciones sin temor a coerción o acoso por parte del gobierno anfitrión. La inmunidad diplomática plena se aplica a embajadores y sus familias, mientras que los funcionarios consulares reciben protecciones más limitadas. El abuso de la inmunidad diplomática — como diplomáticos cometiendo delitos sin ser procesados — sigue siendo controvertido. Las naciones anfitrionas pueden declarar a un diplomático persona non grata como remedio, requiriendo su partida sin procedimientos penales.
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